Cead Fusagasugá-ECJP-Andrea Liceth Tamayo Bonilla

 

Una mirada a la Política desde la teoría Aristocrática

 

Andrea Liceth Tamayo Bonilla


Se encuentra bastante interesante el contenido del texto Aristotélico “La Política”, pues a pesar de ser tan antiguo, aborda de manera directa problemáticas que siguen totalmente vigentes. Puedo vislumbrar, que la política y las ideas políticas, son tan antiguas como el hombre mismo; toda vez que deja por sentado la necesidad que tienen las personas de establecer relaciones, privilegio que solo le es dado al único al hombre. La obra da mucha importancia a los niveles jerárquicos, los rangos de autoridad, la subordinación, el poder, la administración de la familia, entre otros aspectos vislumbrados en la sociedad, que debatiré a continuación

Los planteamientos de Aristóteles en su obra La Política capturaron mi atención de manera particular, dados los diversos conceptos que abarca este compendio, como es la división de los poderes, clases de gobierno, relación entre felicidad y Estado, entre otros; puedo coincidir en algunos de sus argumentos y diferir de otros.  Sobre la administración de la familia, el autor la compara con un tipo de arte (p. 54); este arte al que se refería Aristóteles, lo equiparo a la vocación que se debe tener para conformarla. Lo anterior conlleva a establecer relaciones de bondad y solidaridad, pues considero que la familia es una reunión de personas con lazo sanguíneo o civil, que interactúan para buscar el bien y el desarrollo recíprocos. 

 Coincido plenamente, en que las relaciones entre una comunidad son absolutamente necesarias y que estas, deben acatar unas leyes y un régimen de justicia; entendiendo la justicia como un “valor cívico, pues la justicia es el orden de la comunidad civil” (Aristóteles, Siglo IV a, de C, p. 52). Me identifico con el autor, cuando dedujo que actuar sin justicia o injustamente, nos sitúa abajo de la cadena de valores humanos. En cambio, difiero de él cuando aseveró, que una familia debe tener solo una figura de autoridad, refiriéndose al hombre como jefe de hogar y por ende único, gobernante de su mujer, sus hijos, sus esclavos y sus bestias.

 Traigo a colación la frase “La injusticia más insoportable es la que posee armas” (Aristóteles, Siglo IV a.C, p.52); su sola lectura me remonta al momento histórico en que se encuentra actualmente nuestro país; casi a diario se conoce a través de los medios de comunicación, sobre asesinato de líderes sociales, masacres, ataques armados, por solo algunos. Situaciones que traen dolor a nuestra patria y enlutan muchas de nuestras familias. Tantos años de conflicto armado, no distinguiendo de dónde provienen o por quién son perpetrados, son eventos en efecto, difíciles de soportar.

 

Según el autor, se debe adquirir lo necesario para vivir bien (Aristóteles, Siglo IV a.C, p.52).  Esto me recuerda que al inicio de la pandemia ocasionada por el Virus Covid-19, en los supermercados se veían personas en largas filas, comprando víveres de manera desmesurada; el colectivo se atiborró de provisiones, previendo la escasez y buscando así, mantener por lo menos durante algún periodo de tiempo, una calidad de vida que garantizara un mínimo bienestar, durante los tiempos difíciles que se seguramente vendrían.

 

Planteó el autor importante resaltar, que entre el esclavo y el amo debía existir una especie de amistad, por tener ambos un interés común (Aristóteles, Siglo IV a.C, p.52). Esto traído a la actualidad, me refleja las relaciones entre patrono y empleado, pues para ambas partes es conveniente que la empresa prospere y genere ganancias y rendimientos. A unos les generará riqueza y para los otros, la garantía de llevar el sustento a sus hogares, pues al existir empresa que requiera de mano de obra, el patrono necesita de sus empleados; este ideal de amistad sigue vigente, aunque visto más desde la dinámica patrono-sindicato.

 

Otro principio Aristotélico me recordó el muy mentado caso de la empresa brasileña ODEBRETCH, el cual fue muy publicitado por el multimillonario pago de coimas, para obtener beneficios en contratación en varios países de las Américas, generándose así un terrible caso de corrupción; esa sed por la riqueza desmedida recae en avaricia, generando inequidad y genera falta de oportunidades para los menos favorecidos. A estos eventos y especialmente a quienes los gestaron y los permitieron, no se les podría entonces atribuir los valores humanos que deben caracterizar a un buen ciudadano y menos aún, a un buen gobernante.

 

Se observa en esta obra, la relevancia que le daba el autor a las líneas jerárquicas y el respeto que debía guardarse de cada una de ellas, por cuanto siempre debían existir subordinados y subordinadores; la relación del jefe de hogar con sus esclavos, por ejemplo.  Este repaso por varios aspectos y el enfoque que le doy a la obra para traerla al mundo moderno, permite inferir que la relación que existe entre administración, sociedad, líneas de autoridad e interacción de los pueblos por intereses en común, son aspectos importantes de la política.

 

Al ver deficiencias que en materia política acaecían en su época, Aristóteles escribió la obra que es objeto de opinión; el autor concluyó que un buen gobierno, debía echar mano de valores como la bondad y que debería propender por la felicidad de las personas. Este pensamiento lo relaciono con el proverbio bíblico: “Cuando los justos dominan, el pueblo se alegra…” (Reina Valera, 1909, Proverbios 29:2a). Refuerzo con esta cita, que lo primero que hay que observar a la hora de elegir a nuestros gobernantes, es que sean personas íntegras, con una alta escala de valores humanos y con facilidades para crear relaciones que favorezcan el establecimiento de alianzas para el logro de objetivos comunes.

 

El llamado a cuidar los bienes públicos, es para todos; pero más aún, para quienes tienen la potestad de administrar los bienes y finanzas del Estado; es decir, de nuestros gobernantes; entendiéndose así, que además de demostrar principios y valores, los ciudadanos estamos en la obligación de analizar las hojas de vida de quienes aspiran al poder y mínimamente determinar si cuentan con el perfil y las competencias para aspirar a ser buenos coadministradores.  Este ejercicio debe hacerse de manera responsable, pues se escucha con mucha frecuencia a las personas quejarse de los gobernantes de turno, sin tomarse el trabajo de analizar si los candidatos se perfilan como idóneas para ser elegidas.

 

En cuanto al uso de bienes, que su uso sea moderado para todos  y suficiente para vivir bien, pues cuando una persona tiene mucho, y a la vez otra no tiene casi nada, se rompe ese equilibrio que genera igualdad y el hecho que la balanza se incline a uno de sus lados, es que se da lugar a la injusticia, siendo ella la raíz de tantos flagelos que amenazan la sana convivencia y la democracia. De alguna manera, era esta la premisa del personaje de la fábula Robin Hood, quien en nombre de la justicia quitaba a los ricos para dar a los pobres; esto con el ideal de equidad.

 

En el acápite de nombramiento de magistrados, el autor infiere que cuando los más ricos eligen los magistrados, mientras que los demás quedan exentos, es una clara señal de oligarquía. De allí que, para favorecer la democracia, se haga uso del voto; para que todas las personas tengan la libertad de elegir a sus representantes, situación que en la actualidad no hemos entendido muy bien, en el momento en que un ciudadano piensa que es fútil salir a votar. Es decir, que no gusta de participar en dicho ejercicio democrático, argumentando que todos los políticos son corruptos.

 

   Sobre el riesgo de elegir representantes entre ciudadanos ya elegidos, hago remembranza de un líder político colombiano, que empezó su carrera política siendo jefe de las Empresas Públicas de Medellín y con el tiempo fue presidente de la República, en dos periodos consecutivos; creó un partido político, al cual pertenece el actual presidente de Colombia, a través del cual busca continuar gobernando. Desde ese tiempo se vislumbró que el anquilosamiento en el poder, era situación por demás peligrosa y dañina para la democracia; mucho más si se utilizan argucias, falacias y artimañas.

 

Incluso desde épocas tan antiguas, se planteó la importancia de planear el número de hijos que habría de tener una familia, dentro de un sistema que se pretenda democrático, para evitar que efectos como la sobrepoblación, genere desigualdad, escasez, violencia, mendicidad y todas las situaciones que de ellas se desprenden. Me sorprende que desde tiempos tan antiguos se vislumbrara esta realidad, pues en la actualidad efectivamente el aumento en la población, ha traído consecuencias negativas y flagelos sociales; lo más sorprendente, es que son las clases sociales menos favorecidas, las que tienen familias más numerosas y demandan más recursos.


Comentarios

  1. Me parece muy buena tu redacción, cómoda de leer y a mi parecer buen argumento, coincido contigo respecto a qué también difiero de su visión machista de la autoridad pero si nos situamos en la época podemos afirmar con total seguridad que era una cultura predominante machista y aquello aún se ve reflejado en las diferencias que entre salarios y oportunidades de empleo entre hombres y mujeres en todo el mundo, y

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  2. Buenos dias

    El tema del empleador y empleado concuerdo contigo tiene similitud al amo y al esclavo en epocas antiguas y habia un fin en comun pero con lucros diferentes, el amo se hacia rico igual que el empleador y el esclavo con el empleado llevandolo a la realidad actual, hasta hay hibamos bien, pero el contexto de casos de corrupcion, eleccion de magistrados de altas cortes y eleccion de cargos de libre nombramiento el tema para mi seria tocarlo en otras columnas de opinion, ya que se pierde el enfoque inicial asi mismo no dejamos referenciada una conclusion sucinta que libera de dudas a los lectores y se vayan sastisfechos con ganas de volver.

    Pero en si estuvo bien 👍🏻💪🏻

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